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Historia de Arucas Imprimir E-Mail
ARUCAS: SITUACIÓN Y ALGO DE HISTORIA  

La ciudad de Arucas está situada en el norte de la isla de Gran Canaria y bañada su costa por el Océano Atlántico, que aunque nos separa entre las islas también nos une. El primer poblamiento de la Arucas hispana se encontraba cerca del poblado aborigen de Arehuc, en la ladera sur del cono volcánico denominado Montaña de Arucas, desde lo alto de la cual se puede divisar toda la comarca.

 Fue fundado en los inicios del siglo XVI, hacia el año 1500 ó 1502, por los numerosos jornaleros, esclavos, criados, comerciantes y artesanos que se instalaron en dicha zona a raíz de la actividad generada por los ingenios azucareros. Junto a este emporio humano de diversa procedencia (castellanos, andaluces, portugueses, genoveses…), destacarían los nombres de aquellos que recibieron grandes cantidades de tierras y aguas por derechos de conquista: Tomás Rodríguez de Palenzuela, Lope de Sosa, Hernando de Santa Gadea, Juan de Aríñez y Juan Siberio. Precisamente a Juan de Aríñez, Escribano Mayor del Cabildo de Gran Canaria, se le atribuye la construcción de la primera ermita, hecho bastante probable ya que en sus inmediaciones, concretamente en El Pino, al Sur del actual templo parroquial, había construido un ingenio azucarero.   La ermita se levantó en honor a San Juan Bautista, santo que con el paso del tiempo se convertiría en el patrón de la Ciudad.

 En el año 1515 la ermita es elevada a la categoría de parroquia por decisión episcopal, al habitar en dicho lugar unas cuarenta familias. La iglesia adquiría el derecho de asilo, es decir que al refugiarse en ella un delincuente acogiéndose a asilo no podía ser detenido. Su piso era de tierra y en su subsuelo recibían los muertos cristiana sepultura. La primera procesión que se celebró en la parroquia fue la del Corpus Christi, en el mes de junio del año 1555. La procesión recorrió la calle del Sol, hoy denominada Pedro Marichal, pasó por el lugar conocido por Los López y llegó hasta los lindes de la Hoya de San Juan, regresando de nuevo al templo. Según recogen las crónicas todo el trayecto se cubrió de retamas y flores y todos los vecinos acompañaron con devoción la Sagrada Forma. Esta fue la primera manifestación de ornato en las procesiones del Corpus Christi en Arucas. Años más tarde, el lugar de Arucas ya contaba con unos 5.500 habitantes y en 1652 se acomete la labor de ampliar el templo parroquial.

 En abril de 1837 la reina Isabel II le otorgó el título oficial de “villa” denominación que ya se le venía dando por la población isleña. Después de poco más de medio siglo, en agosto de 1894, la Reina regente del Reino de España Doña María Cristina de Habsburgo-Lorena, en nombre de su hijo menor de edad el Rey Don Alfonso XIII, y queriendo dar  una prueba de aprecio a la villa de Arucas, por el aumento de de su población y por el progreso de su industria y comercio, le concedió el título de “ciudad”. Recibiendo en 1953 el título de “Laboriosa” y su Ayuntamiento el título de “Excelentísimo”.   Esa doble vertiente de trabajo y religiosidad se recoge en el escudo, en cuyo lema figura “Ora et Labora” y también en una colmena con abejas como símbolo de la laboriosidad y del esfuerzo de los aruquenses por conseguir un municipio próspero. Esa prosperidad se logra, de forma intermitente en el pasado, con el cultivo de la caña de azúcar y con los ingenios azucareros o trapiches para la obtención de tan preciado producto. Con posterioridad dicho cultivo se lleva a Las Antillas americanas y desde allí se le hace una fuerte competencia a los cultivos canarios terminando por ahogarlos. Eso obliga a que se oriente la agricultura al cultivo de otros productos como los cereales, la vid y diversos frutales.   

Posteriormente se plantan nopales o tuneras y se cría la cochinilla, insecto del que se obtenía un tinte rojo muy demandado en la época  y que supuso un fuerte impulso económico para Arucas, denominándose a este período como la etapa de oro de la agricultura aruquense. Esa riqueza dio como resultado la construcción de grandes mansiones familiares y la ampliación del templo parroquial. La invención en Alemania de las anilinas o tintes sintéticos  hizo que la demanda de la cochinilla canaria decayera hasta casi desparecer su cultivo, volviendo de nuevo al cultivo de la caña de azúcar. Al mismo tiempo se iniciaba el cultivo del plátano que perdura hasta el presente y que también aprecia un receso en la extensión de las plantaciones, a pesar de que se contrarresta la producción con nuevas variedades de plataneras y nuevas técnicas de cultivo, como el riego por goteo y los invernaderos. 

 Las importantes industrias que se crearon en Arucas en paralelo a la agricultura, así como muchas empresas del sector servicio y comercio, además de las nuevas iniciativas turísticas y de la amplia actividad cultural, son los pilares de la economía aruquense actual y los de un futuro inmediato, los cuales dan empleo a una parte significativa de los 35.200 habitantes del municipio.  Las tradiciones son señas de identidad de un pueblo y Arucas tiene las suyas propias, que le diferencia de otros pueblos de la isla, como es el arte de labrar la piedra. Este arte puede apreciar en el admirado templo parroquial, en las casas del casco histórico, así como en muchos edificios del archipiélago y de ciudades de Hispanoamérica. Todas ellas construidas con fonolita o piedra azul extraída de las canteras del municipio. El 19 de Marzo de 1909 se puso la primera piedra de la actual iglesia de San Juan Bautista que por su estilo neogótico y por su majestuosidad arquitectónica se le conoce popularmente por la “Catedral de Arucas”, siendo uno de los estandartes arquitectónicos del archipiélago y el orgullo de los aruquenses.  

 Hay también tradiciones que son compartidas y han sido adaptadas a la forma de ser de los aruquenses sobre todo las de carácter festivo. Las tradiciones tienen unos períodos de arraigo y esplendor y a veces otros períodos de decadencia e incluso de desaparición. Las fiestas tradicionales como las de Santa Lucía, las del patrono San Juan Bautista, los fuegos artificiales, la romería, la feria de ganado, la fiesta del Corpus Christi con la confección de alfombras, la Semana Santa con sus procesiones y los carnavales con sus disfraces, murgas y comparsas, son fiestas que se mantienen y muchas de ellas se han potenciado. Sin embargo hay muchos otros actos festivos que han desaparecido o agonizan como las carreras de caballos, las carreras de cintas en bicicleta, motocicleta o a caballo, los juegos tradicionales infantiles como el trompo, el boliche, las carreras de sacos, etc., e incluso la tan famosa batalla de flores, que atraía gentes de toda la isla por sus bellas y engalanadas carrozas.

 
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